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MARKUS SCHREIBER (AP)

Alemania: ¿Un pacto con la ultraderecha?

Franco delle Donne

8 mins - 23 de Octubre de 2023, 07:00

Alemania está viviendo un cambio profundo en su sistema político. Desde hace varios meses se observa un crecimiento constante de la ultraderecha en intención de voto a nivel federal. Alternative für Deutschland (AfD) llegó a sus máximos históricos cuando en septiembre pasado el instituto de opinión pública Infratest dimap midió un 23%. Esto la ubicó en el segundo lugar por delante de los tres partidos del gobierno federal: socialdemócratas (SPD), verdes (Bündnis 90/die Grünen) y liberales (FDP). Pero en las últimas elecciones regionales en Hessen y Bayern sucedió algo más: el partido de derecha radical obtuvo resultados de dos dígitos y un aumento de su caudal electoral respecto de la última elección de entre cuatro y cinco puntos porcentuales. Se trata de la consolidación de AfD en el oeste del país, en donde se la consideraba mucho más débil que en los territorios de la extinguida RDA, al este del país.  

Estos resultados indican que la ultraderecha comienza a perforar la frontera imaginaria entre este y oeste. En ese sentido el partido se erige como un actor con un poder mucho mayor a la hora de condicionar la formación de gobiernos. Incluso para ciertos sectores ha conseguido legitimarse pese a que la reconozcan como una fuerza extremista. Y aquí es donde surge una cuestión que puede convertirse en el inicio de una nueva era política para Alemania: ¿pueden los resultados electorales de AfD forzar la ruptura del cordón sanitario? 

Normalización en proceso
El 47% de los alemanes estaría de acuerdo con la participación de AfD en un gobierno regional. Otro 47% estaría en contra. El restante 6% no sabe. Estos datos se desprenden de la encuesta publicada por el semanario Der Spiegel que deja de manifiesto que la ultraderecha a conseguido uno de sus objetivos principales desde el inicio de su existencia hace 10 años: avanzar hacia su legitimación. El hecho de que la Oficina Federal de Protección de la Ley Fundamental (BfV) considere a algunos de sus líderes, de sus organizaciones internas y a ciertos grupos que la apoyan como extremistas de derechas y un peligro para la democracia para no importar demasiado. De hecho, alrededor del 80% los votantes de AfD de las elecciones en Hessen y Bayern acuerdan con la siguiente afirmación: “si hablan de los temas importantes, me da igual que sean de extrema derecha”.
 
 
La presión para los partidos políticos a nivel regional y comunal de dialogar o pactar con AfD aumenta en tanto y en cuanto los ultraderechistas siguen obteniendo apoyos y, sobre todo, escaños. Durante sus diez años de existencia AfD ha conseguido consolidarse en el este del país, mientras que en el oeste había logrado desempeños magros, pese a algunas excepciones. La diferencia de intención de voto a la ultraderecha entre el este y el oeste no es menor. En el este AfD se ha consolidado y posee en casi todas las regiones números superiores al 30%. 
 

En varias regiones ocupa incluso el primer lugar y ya se habla de las dificultades para formar gobierno cuando casi un tercio de las bancas estén en manos de un partido con el que nadie quiere pactar, o al menos eso han expresado todos los partidos oficialmente. De hecho, las discusiones internas sobre un posible pacto con AfD existen. En Thüringen, por ejemplo, la Unión Demócrata Cristiana (CDU) se enfrenta al dilema de romper con alguna de sus máximas históricas: nunca pactar con la izquierda poscomunista (die Linke) ni con AfD. El problema es que sin cooperación no hay manera de formar gobierno en esa región a causa de la profunda fragmentación. 

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A nivel comunal las alianzas con la ultraderecha no son una novedad. En un estudio del politólogo Steven Hummel de la Universidad de Leipzig se identifican 20 pactos entre AfD y otros partidos. Sin embargo, ningún partido se enorgullece de ello y en el espacio público cuando algún líder expresa algo en esa dirección el escándalo es casi inmediato, algo que le sucedió a Friedrich Merz, líder de la CDU, hace algunos meses. 

Sin embargo, las recientes elecciones en Bayern y Hessen en las que AfD obtuvo 14,6% y 18,4% de los votos respectivamente hacen reflexionar sobre el fin de esa división entre este y oeste, cuando nos referimos al apoyo a este partido. Posiblemente por causas diferenciadas, tanto a un lado como a otro del caído muro de Berlin, la ultraderecha recibe más votos. Así se posiciona como un actor cada vez más relevante, uno que puede poner en serio riesgo la formación de gobiernos en Alemania.

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La encrucijada de la centroderecha
En este contexto, la CDU, junto a sus socios bávaros de la CSU, debe tomar una decisión trascendental para su futuro y el del país: optar por el camino de la polarización y confrontar en todos los aspectos posibles con el gobierno actual, en particular con socialdemócratas y verdes; o inclinarse por volver a la senda del centro, aquella que caracterizó al partido durante toda la era Merkel. 

Apostar por un perfil más conservador que exponga conflictos puede servir para dotar al partido de un perfil más claro frente al resto. Una opción para aquellos que no comulgan con la visión progresista o de izquierdas. Sin embargo, ese camino puede fomentar la configuración de una agenda que beneficie mucho más a la ultraderecha. En otras palabras, la polarización termina siendo un arma de doble filo y, a la luz de los resultados de las últimas regionales, puede ser perjudicial para la propia Union. 



En Baviera la CSU volvió a repetir su resultado de hace 5 años, el segundo más bajo de su historia. Pero lo más destacado es que a su derecha dos partidos se llevaron el 30% de los votos: los conservadores de Freie Wähler (15,8%) y los ultraderechistas de AfD (14,6%). Allí el líder de los conservadores, Markus Söder, optó por un discurso polarizante y muy crítico con el gobierno actual. El problema es que en lugar de poner el acento en temas que representa su partido, como el del manejo de la economía, decidió polarizar con los verdes usando la agenda que mejor domina la ultraderecha: migración. 
 

Por el contrario, en Hessen, la CDU de Boris Rhein, logró un gran triunfo, superando su última marca en más de siete puntos porcentuales. Rhein es un político más moderado en su discurso con una imagen mucho menos histriónica que la de su colega de Bayern. Esas características se combinaron con un mensaje claro y contundente de campana: “Construir un gobierno de centro”. 
 
 
El estilo y la propuesta de Rhein es la opción que tiene la CDU ante el camino de la polarización. Una posibilidad que también tiene riesgos ya que en esa idea cabe el escenario de un eventual gobierno con los verdes, algo que en la actualidad resta bastante apoyo en el electorado más conservador. 

La oferta del cambio
En muchos países las elecciones de medio término funcionan como un termómetro que mide la popularidad del gobierno. En Alemania este rol lo cumplen las elecciones regionales. Cada año se celebra al menos una y allí es donde todas las miradas se posan en los resultados para evaluar si los partidos del gobierno federal son respaldados o castigados. Lo sucedido en Hessen y Bayern evidencia que el tripartito tiene serias dificultades. El descontento con el gobierno actual se ha manifestado también en las encuestas postelectorales, revelando que los votantes no están satisfechos con el desempeño del canciller Olaf Scholz (SPD) y la coalición gobernante. En Baviera, solo el 25% de los votantes manifiestan estar contentos con la labor del primer mandatario, mientras que en Hessen este número asciende al 32%. Además, el partido liberal (FDP) también enfrentó dificultades, quedando fuera del parlamento en Bayern y logrando una ingresar por apenas unos 800 votos al de Hessen. Para los verdes la situación no es mejor: perdieron el liderazgo de la oposición en Bayern y más de 3 puntos porcentuales en Hessen.

Ante esta debacle electoral del gobierno que en intención de voto toca su piso histórico, la CDU como líder de la oposición tiene la chance de ofrecer un proyecto de país que exprese un cambio de cara a las elecciones de 2025. Frente a las preocupaciones económicas y la sensación de inestabilidad de muchos sectores, la Unión podría recuperar su rol de liderazgo en la política alemana. 
 
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