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Polonia ha despertado

Piotr Zagórski

6 mins - 31 de Octubre de 2023, 07:00

La democracia liberal ha triunfado, pero lo difícil está por delante
El domingo pasado, tras ocho años de gobierno de Ley y Justicia, Polonia ha despertado. Una movilización sin precedentes en la historia democrática del país, con una participación del 74% ha permitido a los partidos de la oposición cosechar un resultado que supera ampliamente la mayoría parlamentaria necesaria para formar gobierno. Lo más probable es que el nuevo gobierno de un giro de ciento ochenta grados y devuelva al país al seno de las democracias liberales europeas. Varsovia, muy a pesar de Jaroslaw Kaczyński y Viktor Orbán, no es Budapest. 

A pesar del empeño de Ley y Justicia (PiS, en sus siglas polacas) de aferrarse al poder por todos los medios disponibles, la oposición le ha ganado la partida. Sin concurrir en una lista conjunta, que probablemente hubiera propulsado un resultado mejor debido al sistema electoral, los tres partidos opositores han pasado el examen con nota. La Coalición Cívica liberal-conservadora de Donald Tusk con un 30,7% de los votos y 157 escaños, la coalición Tercera Vía (que une al partido campesino con otro conservador) con el 14,4% y 65 escaños, y la Nueva Izquierda con un 8,6% y 26 escaños van a intentar formar un gobierno respaldado por 248 diputados, 17 por encima de la mayoría.

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„Por fin, buenas noticias” ha twitteado Francis Fukuyama, en uno entre muchos suspiros de alivio. Y es verdad. Son buenas noticias para los millones de polacos cansados del declive democrático y clientelismo aupado por el gobierno saliente. Muy especialmente para las mujeres y para el colectivo LGTB+ que han visto sus derechos pisoteados reiteradamente (véase la casi total prohibición del aborto y las infames ‘zonas anti-LGTB’). Es también un alivio para la Unión Europea, con la cual el gobierno de Ley y Justicia – más cercano a la idea de Europa de las naciones que de integración europea – ha entrado en guerra por sus constantes desafíos al Estado de Derecho. Con todo, es una buena noticia para la democracia europea, ya que un frente en el combate con las tendencias iliberales parece haberse cerrado al menos para los próximos cuatro años. A diferencia de Hungría o Turquía, con el resultado de estas elecciones, Polonia ha mostrado el camino para revertir el declive autoritario y volver a la senda democrática.

Llama la atención la altísima tasa de participación. Incluso tras el cierre de los colegios, largas colas de votantes seguían esperando su turno y la comisión electoral tuvo que distribuir papeletas adicionales que al parecer no cabían ya en las urnas. Según el sondeo a pie de urna, los menores de 29, tradicionalmente menos proclives a votar, han acudido a las urnas en mayor proporción que los mayores de 60. La participación ha subido del 62% en 2019 al 74%. Una cifra récord, lejos incluso del índice de los primeros comicios de 1989. 



Aún así, no todo es color de rosa. Al fin y al cabo, es PiS quién ha ganado los comicios con un 36,8% de votos. Sin duda es un resultado algo inflado por todos los empeños de PiS de desnivelar el campo de juego a su favor. El uso partidista y propagandístico de la televisión pública (al retratar a Donald Tusk, el líder de la oposición, nada menos que como un agente alemán trabajando para los intereses de Moscú), de las empresas estatales (al bajar el precio de gasolina a niveles por debajo de coste justo antes de las elecciones), del banco central (al bajar los tipos de interés con una inflación disparada, cuando todos los bancos centrales los suben) y de la institución del referéndum (juntado con las elecciones por PiS solamente para movilizar a los suyos y a liberar fondos adicionales para la campaña electoral) han hecho estas elecciones menos justas de lo esperado de un país plenamente democrático. 

Ahora la gran tarea del nuevo gobierno será de triple naturaleza. De primeras, hay muchos problemas que hay que resolver de manera eficaz para demostrar que la democracia liberal sabe atajarlos mejor (o al menos no peor) que un gobierno iliberal. La inflación y la seguridad nacional amenazada por la guerra en Ucrania sobresalen. En segundo lugar, hay que ajustar las cuentas del gobierno de PiS con la democracia. Tienen que rendir cuentas ante el Tribunal de Estado quienes han actuado en contra de la Constitución. Hay que restaurar las instituciones democráticas vaciadas de su contenido por PiS y recuperar la división de poderes y la independencia de la judicatura. El gobierno saliente ya ha anunciado que va a intentar entorpecer estas labores con todos los medios a su alcance. Y estos no son pocos, ya que PiS dispone del poder de veto del presidente Andrzej Duda (a no ser que éste decida independizarse del partido), del Tribunal Constitucional avasallado a los intereses del partido, y de un Tribunal Supremo también dominado por PiS (que por cierto todavía no ha dado los resultados electorales por ciertos). 

Finalmente, hay que dialogar con el otro bando, reducir la vertiginosa polarización ideológica y ser un gobierno inclusivo. La mitad de los mayores de 60, de los que viven en el campo o de los trabajadores han apoyado a PiS. Entre los ciudadanos con educación básica y los agricultores, la proporción es aún mayor: dos de cada tres han respaldado al partido gobernante. Quizás ésta sea la tarea más ardua para el nuevo gobierno. Si, por muy democrático, europeo y liberal que sea, no logra reconciliar al país y acercar a estos grupos a las ideas de democracia liberal, las buenas noticias pueden volver a ser malas en tan solo cuatro años. 
 
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