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PATRICK T. FALLON (AFP/GETTY IMA)

Europa no debe perderse la nueva era espacial

Anders Fogh Rasmussen

6 mins - 6 de Noviembre de 2023, 07:00

En septiembre de 2022, Ucrania lanzó seis pequeños drones submarinos contra buques de guerra rusos frente a las costas de Crimea. Estos buques estaban siendo utilizados para lanzar ataques con misiles de crucero contra ciudades e infraestructuras críticas ucranianas. Cuando los drones se acercaban a sus objetivos, se desviaron de su rumbo, dejando indemne a la flota rusa. La razón por la que el ataque fracasó no se debió a un fallo de los submarinos, sino a que los satélites que los guiaban se habían desconectado. Sin que los mandos ucranianos lo supieran, Elon Musk, propietario de Starlink, había decidido no habilitar la cobertura a cierta distancia de Crimea.

El incidente pone de relieve la importancia que las capacidades basadas en el espacio están desempeñando en la guerra de Ucrania. Pero también muestra los riesgos de la monopolización del espacio y de las infraestructuras militares críticas en manos de un particular. Es aún más preocupante cuando ese individuo es Elon Musk, que ha repetido como un loro la desinformación del Kremlin y ha propuesto un plan de paz que implica que Ucrania renuncie tanto a franjas de territorio como a sus ambiciones de unirse a la OTAN.  

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La guerra tiene una lección clara para los líderes europeos: nuestra seguridad depende ahora de nuestra capacidad para acceder al espacio y actuar en él de forma fiable. El espacio es el próximo gran escenario de la geopolítica. En la última década, Estados Unidos, China, Rusia e India lo han reconocido y han aumentado sus inversiones en consecuencia. Si Europa no hace lo mismo, corremos el peligro de quedarnos atrás. Cuando los ministros europeos del espacio se reúnan esta semana en Sevilla, deben darse cuenta de la magnitud del reto al que nos enfrentamos.

A principios de este año formé parte de un grupo de trabajo de alto nivel organizado por la Agencia Espacial Europea sobre el futuro de los vuelos espaciales tripulados y robotizados. Nuestra principal conclusión fue que mantener la capacidad de actuar y acceder al espacio no solo es vital para la seguridad de Europa, sino también para nuestra prosperidad futura.

En 2040, el valor de la industria espacial mundial superará el billón de euros. La inversión espacial europea es apenas una quinta parte de la estadounidense, y nuestro presupuesto de exploración es apenas una quinta parte del de la NASA. Tenemos que aumentar enormemente la financiación pública y estimular las inversiones privadas en el ecosistema espacial europeo. Si no lo hacemos, asistiremos a una fuga de cerebros de nuestros mejores científicos e ingenieros.

No es sólo una cuestión de inversión. Si los escasos recursos orbitales son monopolizados por un puñado de empresas, Europa se verá excluida y dependerá totalmente de proveedores externos. Europa debe liderar los esfuerzos para garantizar un mercado abierto en el espacio, tanto para evitar el consumo indebido de los limitados recursos orbitales como para garantizar que las empresas puedan competir en auténticas condiciones de igualdad. Europa tiene las herramientas para hacerlo. En la Tierra, la Unión Europea utiliza el acceso a su vasto mercado para establecer reglas y normas mundiales. Debería adoptar el mismo enfoque en el espacio.



Europa también debe liderar las cuestiones medioambientales en el espacio. El universo puede ser infinito, pero las órbitas terrestres no lo son. Deben tratarse como otros bienes comunes, con normas claras que protejan su uso y eviten el consumo excesivo. Se trata de una cuestión cada vez más urgente. La actividad humana en el espacio se está expandiendo a una escala sin precedentes. En 2018, solo había 2.000 satélites activos en órbita. En 2030, podría haber 100.000. Esto se debe en gran medida al lanzamiento de megaconstelaciones de satélites comerciales por parte de empresas como SpaceX y Amazon.

Las órbitas bajas de la Tierra se están congestionando peligrosamente con objetos cada vez más grandes y desechos cada vez más letales. Tanto la Agencia Espacial Europea como la NASA han dado la voz de alarma sobre el creciente riesgo de colisiones. Se necesitan urgentemente nuevas normas para evitar comportamientos de riesgo. Lo ideal sería elaborarlas a escala mundial bajo los auspicios de las Naciones Unidas. Sin embargo, en el actual clima geopolítico, el consenso es imposible.

Es hora de que Europa tome la iniciativa. El primer reto es comprender la magnitud del problema. Para ello es necesario elaborar modelos exhaustivos del nivel de actividad que nuestras órbitas pueden soportar con seguridad.  Hemos adoptado este enfoque para las rutas marítimas y el tráfico aéreo civil, así que ¿por qué no hacer lo mismo con el espacio? En segundo lugar, los reguladores europeos y nacionales deben utilizar el poder del mercado único europeo para garantizar un comportamiento responsable. Deberían establecer condiciones claras a la hora de conceder acceso al mercado para reducir el riesgo de colisiones, la creación de residuos y el consumo indebido de los limitados recursos orbitales por parte de unas pocas megacorporaciones de Estados Unidos.

Los ministros reunidos en Sevilla serán fundamentales en la elaboración de la próxima ley espacial europea. Es vital que ésta aborde los riesgos crecientes en nuestras órbitas. En la Tierra, Europa ha liderado las cuestiones medioambientales. Debemos hacer lo mismo en el espacio.

Durante demasiado tiempo, el espacio ha estado al margen de la conciencia política europea. Es hora de que esto cambie. Los líderes europeos deben ser audaces, tanto para mantenernos seguros y prósperos como para garantizar que no se desaprovecha un recurso mundial vital. Si están dispuestos a pensar a lo grande, Europa cosechará los beneficios de una nueva era espacial. Si no lo hacen, Europa podría perder las enormes oportunidades que ofrece el espacio para las generaciones venideras.
 
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