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PACO PUENTES

Las “Declaraciones de Granada” y el federalismo

Ramon Marimon

12 mins - 24 de Noviembre de 2023, 07:00

El 6 de octubre de 2023, bajo la presidencia española, el Consejo Europeo hizo la “Declaración de Granada” que ya se conoce como la declaración que abre el camino que va de una Unión Europea de 27 estados a una de 35. “Tanto la UE como los futuros Estados miembros deben estar preparados ante la perspectiva de la futura ampliación de la Unión,” dice la declaración y los trabajos ya están empezando… Por ejemplo, en preparación de la resolución al respecto del Parlamento Europeo su Comité de Asuntos Constitucionales ha hecho una propuesta respaldada por los principales partidos (PPE, S&D, RE) “de carácter federalista” (Bernardo de Miguel dixit AP 7/11/23) 

No es casualidad, la UE solo puede crecer integrando una mayor diversidad de estados si sigue la vía del federalismo: si se rige por la corresponsabilidad, si se dota de unas instituciones, sistemas electorales y de votación, políticas comunes o coordinadas y también una cultura democrática que cohesionen la unión, cuando ya no exista (o este muy reducido) el derecho al veto. Cohesión sin unanimidad es una práctica federalista: las minorías no pueden bloquear, pero las mayorías no deben imponer. Es por esta razón que en decisiones que afectan a la federación es una buena práctica que sean por consenso o mayorías muy amplias (no por mayoría absoluta). Como es buena practica el distinguir políticas de estado (de largo recorrido) de políticas de gobierno (de legislatura). Distinguir el “¿cómo?” –  en el que organizaciones “independientes”, como la BCE, juegan un papel importante – del “¿qué?”, gestionan “representantes políticos” a diario. Una democracia madura y estable se reconoce por el consenso en las organizaciones, políticas y compromisos de estado, inmunes a la necesaria competencia entre políticas alternativas de los gobiernos, en sus distintos niveles cuando se trata de una federación. 

Una Unión Europea cada vez más extensa y diversa necesita este carácter federalista y madurez democrática. Internamente porque con la cohesión y la corresponsabilidad se funciona mejor, y es posible realizar políticas más ambiciosas para el futuro, lo que no es posible con la confrontación y el oportunismo. Pero también su papel externo: en estos tiempos de fragmentación global en la que la UE debe posicionarse (Rusia-Ucrania, Israel-Palestina, cambio climático, etc.) debe evitar que populismos internos o nuevos miembros antepongan su nacionalismo a la cohesión, que se rijan por el “¿qué hay de lo mío?” o aún peor, puenteen a la UE con negacionismos o peligrosas alianzas internacionales bilaterales (la sombra de Hungría aparece en este mal sueño). En una palabra, la UE debe ser resiliente al oportunismo, antagónico con el federalismo (el nacionalismo del “nosotros y ellos” normalmente es oportunista cuando va bien a “nosotros”).

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Por esto es una buena noticia que la UE para avanzar en su ampliación vaya por la vía federalista. Esperemos que no descarrile en las elecciones al Parlamento Europeo en Junio 2024. Y España, ahora que tenemos un nuevo gobierno Pedro Sánchez (esta vez con mayoría absoluta), ¿por qué vía va?

La “Declaración de Granada” del Consejo Europeo no es la primera. El 6 de julio de 2013 el PSOE hizo su “Declaración de Granada” sobre “Un nuevo pacto territorial: la España de todos”. ¿Coincidencia o ironía de la historia? Porque de esta declaración federalista, que promovió Alfredo Pérez Rubalcaba y fue parte del programa electoral del PSOE 2016, ni siquiera se habla en el programa electoral del PSOE 2023 de Pedro Sánchez. Éste es más light: “Incluir el principio de lealtad federal entre el Estado y las Comunidades Autónomas. Impulsar los instrumentos de colaboración y cooperación entre administraciones.” Lo que es muy parecido a lo que dice el programa electoral 2023 del PP: “Reforzar la lealtad institucional y la cooperación entre las administraciones públicas” (¿otra casualidad?)

Pero los programas del 2023 son historia. Ya se han firmado todos los pactos del PSOE con los independentistas, hay nuevo gobierno de Pedro Sánchez y habrá la Amnistía que lo soporta. También ha habido abanderadas manifestaciones en la calle en su contra. Es decir, aún estamos en la fase de “justificar o denigrar”. Una de las justificaciones que más se ha oído es: esto de los pactos con los partidos nacionalistas siempre lo han practicado, tanto el PSOE como el PP, empezando por Aznar y su Pacto del Majestic con Pujol en 1996. ¡Y así le ha ido a nuestro ‘modelo territorial’! Por otra parte, muchas denigraciones parecen eslóganes del pasado: ¡quieren romper España!

Si bajamos la prepotencia de unos y el ruido de otros, podemos hacer la pregunta: ¿vamos por la vía federalista (aunque sea versión light)? Es fácil que al leer el preámbulo de la propuesta de la ley Amnistía registrada por el PSOE alguien diga que sí, que estamos en la vía de la conciliación (Cataluña – España) y amnistías las ha habido, y hay, por doquier. Desgraciadamente, es una muestra más de qué si nunca hemos estado en esta vía, estamos yendo hacia atrás, o alternativamente qué estamos en una vía incierta que no se sabe dónde va. 

En una buena constitución federal, que tiene en cuenta que puede haber ‘delitos de estado’ y finalmente ser ‘amnistiados’, la amnistía es de estado, lo que en la práctica quiere decir que debe ser aprobada por una amplia mayoría de las cámaras y finalmente firmada por el jefe del estado (sin ir más lejos, la citada Constitución Italiana, que ni siquiera es federal, así lo requiere, pero la cita evidentemente no lo dice). Además, una “exposición de motivos” no compromete a nada, lo que importa son los hechos que se derivan de la ley. Los compromisos, en este caso, están en otra parte: en los pactos con los independentistas en los que la amnistía es un punto. 

El pacto PSOE-ERC recuerda la viñeta de El Roto en EL PAÍS en el que un agricultor regando dice, algo así como, “lo más rentable es cosechar agravios” (¡vaya mensaje para el votante catalán del PSC!). El pacto PSOE-Junts es, como ya se ha dicho, una vindicación del independentismo de Junts que, aunque por el momento respeta la constitución española, es impensable en un estado federal (¡el “Parlament” és el referente! ¿la UE con un mediador ‘internacional’ para tratar con un estado miembro o en vía de acceso?). Pero, ahora que el ‘pescado ya está vendido’, esto no es lo más importante. 

Lo más preocupante es que mientras se nos ha vendido la amnistía, con su paquete de pactos, como un paso necesario para pasar página definitivamente de “el procés” y el conflicto que ha conllevado, los independentistas sinceramente han dicho que para ellos era un punto de partida hacia el referéndum, que un día u otro se ganará: ¡esta és ‘su vía’! 

Así la nueva investidura de Pedro Sánchez ha abierto “un nou procés”, en el que se dará un trato bilateral a la Generalitat y al Gobierno Vasco (el PNV no podía ser menos), dando la espalda a lo que es nuestra incipiente estructura federal (autonómica) – al fin y al cabo, en esta estructura el PP tiene una amplia mayoría (sí, con el cohecho de Vox), – se vigilará que se cumplan los pactos y, por lo tanto, también se los llevará de la mano en las relaciones con la UE. Este punto de los pactos que el propio PSOE no parece saber que es, no deja de ser un punto importante de ‘su vía’, que no es la de pasar de una EU27 a una EU35, sino a una EU no más amplia sino con más estados, entre los que por fin sean miembros Catalunya y, por extensión, el País Vasco (¿EU60, como el número actual de lenguas?).



Votando a Pedro Sánchez, los independentistas continúan teniendo clara ‘su vía’ (vindicarla es legal en nuestra constitución democrática), y lo de “el procés” -- con la declaración de independencia -- ahora ya no es más que un altercado histórico, prisas del pasado. En cambio, el PSOE no sólo ha olvidado su “Declaración de Granada” sino que con su coalición ganadora no se sabe en qué vía está, ni siquiera está en la versión del constitucionalismo light, que de entrada requeriría un pacto con el PP – por ejemplo, para cumplir su promesa de mejorar el modelo financiación territorial (violado al hacer una quita a la deuda autonómica, no porque sea parte de una revisión rigurosa del modelo, sino a cambio de unos votos). Esto es lo que me preocupa.

Pero no sólo esto. Una cosa que si han conseguido el PSOE y el PP juntos ha sido vaciar el centro en la política española, centro que parecía dominar en 2018 -- cierto, Albert Ribera se lo puso en bandeja y, en Cataluña, Convergencia (CDC) ya lo había hecho en el 2015 al soltar amarras con Unió (UDC) para abrazar la vía independentista. Lástima, porque el centro reformista ayuda a centrar y acelerar la vía federalista y porque los votantes de centro no han desaparecido. Por ejemplo, no lo tuvieron fácil en el referéndum del 23J: “¿quieres que la ultraderecha con Vox gobierne España? SI o NO, y si NO vota PSOE,” en sus diferentes versiones, o a quién le apoye en esta cruzada. 

¿Una oportunidad para el PP? Cierto, pero debe cumplir con dos condiciones. Primero, hacer una apuesta clara por el federalismo – palabra que no le da miedo utilizar para la UE pero que aún le chirria para España cuando, de hecho, esta más descentralizada que muchos estados federales, en los que se practican alternativamente políticas de izquierda y de derecha de forma más civilizada. Segundo, también debe soltar amarras con Vox si quiere abrazar la vía federalista. Sencillamente, Vox también tiene ‘su vía’ clara: volver a una España centralizada y menos democrática.

Repasemos. Tanto los indepes como Vox tienen sus vías claras, saben dónde van, o quieren ir. Sin embargo, su problema es que sus estaciones finales no están en el horizonte: la UE va a crecer con otros estados, algunos más pequeños que Cataluña, pero no es un plan federalista la disgregación interna, sino la inclusión de su diversidad; la España centralizada y menos democrática es historia a la que una gran mayoría de españoles (catalanes incluidos) se oponen y que por lo tanto solo se podría imponer por la fuerza, lo que sería volver a lo peor de nuestra historia. Es decir, tanto los nacionalistas indepes, como los nacionalistas de la España centralizada tienen vías sin futuro.

Pero tienen presente, y en el presente practican el oportunismo (los indepes ya se ha dicho y, como es sabido, Vox se apunta a todos los gobiernos regionales que puede) y, en consecuencia, no son corresponsables como el federalismo requiere. Desafortunadamente, este comportamiento presente también es compartido por los populismos de izquierda cuya vía se define por lo que no es: no es centralista, ni federalista (la corresponsabilidad y responsabilidad fiscal no es lo suyo), digamos que es la vía dispersiva. 

En conclusión: en la gran coalición contra la ultraderecha que sostiene el gobierno conviven la vía independentista, la vía dispersiva y al timón esta Pedro Sánchez que ya hace tiempo abandonó el federalismo del PSOE de la “Declaración de Granada” y que sin soltar amarras ni siquiera puede practicar el federalismo ‘light’. En la oposición, se convive con la vía centralista y al timón esta Alberto Núñez Feijóo que cuando va a Cataluña habla de descentralización pero que cuando vuelve a Madrid parece olvidarse, que podría llenar la España vacía (de centro, y empezar a ser creíble en Cataluña y el País Vasco) pero que por indecisión o, sencillamente, por que no le dejan, parece difícil que lo vaya a hacer. Ojalá me equivoque con uno o con el otro, o con los dos que ya sería equivocarme mucho.

Porque tengo una última preocupación, por no decir pesadilla: que tanto uno como el otro no suelten amarras y traduzcan este triste experimento español a nivel europeo en las próximas elecciones al Parlamento Europeo: tanto otra cruzada socialista contra la derecha-ultraderecha, como otra coalición de los populares con la ultraderecha (que ya tiene leader: Giorgia Meloni) harían descarrilar la UE de su vía federalista.

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