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AMR ALFIKY (REUTERS)

COP28: por un futuro de bienestar alejado de los combustibles fósiles

Fernando Rejón

6 mins - 29 de Noviembre de 2023, 07:00

Todas las COP son importantes. Las emisiones de gases contaminantes no conocen fronteras y, por lo tanto, el marco multilateral supone nuestra única esperanza para ofrecer una respuesta global y eficaz a semejante reto colosal. Pero esta COP28, a punto de dar comienzo en apenas unos días, es la cita más trascendental de la diplomacia climática desde la firma del Acuerdo de París. 

Contamos con 7 años para mantener con vida el objetivo de limitar el incremento de las temperaturas a 1.5ºC y, por primera vez, en esta COP28 se va a constatar una realidad sobre la que la ciencia climática lleva alertado concienzudamente durante años: los compromisos adquiridos hasta la fecha nos condenan a una senda de incremento de las temperaturas de, al menos, 2.8ºC, superando con creces el umbral de seguridad climática acordado en París

1.5ºC no es un objetivo político, ni un hito discrecional, sino el límite que establece la evidencia científica para evitar la desestabilización irreversible de nuestro sistema climático y mitigar la nocividad de los impactos de la emergencia climática. La diferencia entre 1.5, 2 o 2.5 grados podrá medirse en el número de muertes producidas por olas de calor cada vez más intensas y duraderas, las cosechas arruinadas por el azote de sequías prolongadas, las especies de animales y plantas que nuestros hijos nunca conocerán, las hectáreas reducidas a cenizas por el avance de incendios incontrolables y la rapidez con la que nuestros bosques sucumban al avance desenfrenado de la desertificación. 

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Y debemos tenerlo claro: el deterioro de nuestro planeta no discurre en una vía paralela al desarrollo económico y la prosperidad humana. Ya lo señaló el economista Nicholas Stern cuando describió la crisis climática como el mayor fallo de mercado de la historia de la civilización. Movimientos negacionistas y retardistas a nivel internacional pretenden convertir la agenda climática en un ariete cultural para la refriega partidista, enfrentando la ambición climática con la aspiración legítima de prosperidad humana, bienestar y seguridad. 

Nada más lejos de la realidad: la agenda verde supone una oportunidad histórica para reconciliar crecimiento económico, cohesión social y protección medioambiental. La agenda climática es una agenda de reindustrialización para el mundo del trabajo del mañana, una agenda de salud pública y aire limpio, una agenda contra la pobreza y la desigualdad. El negacionismo quiere mercadear con el miedo y la incertidumbre ante los cambios profundos que se avecinan. Nos sobran los motivos para hacer aterrizar la acción climática como un horizonte de bienestar social y vidas más dignas para todos. 

La insuficiencia de los compromisos climáticos adquiridos hasta la fecha no puede hacernos caer en el derrotismo y la resignación. La desesperanza es un ejercicio de egoísmo generacional que no nos podemos permitir. El avance vertiginoso en el despliegue de energías renovables durante los últimos años mantiene con vida la posibilidad de cumplir con los objetivos del Acuerdo de París, el cual ha supuesto un antes y un después en la ambición climática global, transitando de una senda de incremento de temperaturas de 3.5ºC antes de 2015 a la actual, en torno a 2.8ºC. Aquellos países que nunca creyeron en el rol del multilateralismo y la cooperación internacional pretenden situar ahora el Acuerdo de París en el disparadero. Debemos proteger la vigencia de sus mecanismos de gobernanza como nuestra mejor herramienta para propiciar una mayor ambición a nivel global.

Por ello, la próxima COP28 debe marcar una señal clara para poner fin, de una vez por todas, a la era de los combustibles fósiles tras siglos de desenfreno extractivo en el que los límites planetarios han sido flagrantemente omitidos en nuestro esquema de crecimiento y desarrollo. La adicción a la quema sin cuartel de gas, petróleo y carbón debe llegar a su fin para alcanzar antes del final de la década el pico en la demanda de combustibles fósiles y alinearnos con la senda trazada en París.



Para ello, la próxima COP28 debe alumbrar un acuerdo para triplicar el despliegue de capacidad renovable y duplicar las mejoras en eficiencia energética de aquí a 2030. Pero la aceleración en la instalación de tecnologías renovables no puede servir como excusa para no reducir, sin demora, la oferta de combustibles fósiles por parte de la industria del gas y el petróleo. No hacerlo sería, en palabras del Director General de la Agencia Internacional de la Energía, como prepararse para una maratón al tiempo que fumamos tres paquetes de tabaco al día. Ha llegado el momento de poner fin a nuestra adicción. 

Los gobiernos tienen que ofrecer un calendario claro y consistente para la sustitución de todos los combustibles fósiles – también el gas – por tecnologías limpias, viables y asequibles con las que ya contamos. Algunos intereses pretenden ralentizar la transformación de la industria fósil aduciendo un trilema capcioso entre descarbonización, precios asequibles y seguridad de suministro. La crisis energética que hemos atravesado nos demuestra que las energías renovables ofrecen energía más barata, más segura y, sobre todo, más limpia. Para España supone adicionalmente una oportunidad histórica para ahondar en una ventaja competitiva industrial basada en el aprovisionamiento de grandes cantidades de energía verde. No hay excusas que valgan.

Existen ciertos sectores industriales de difícil electrificación para los que las tecnologías existentes pueden no suponer una solución viable. Por ello, la inversión en nuevos vectores energéticos como el hidrógeno verde supone un elemento clave. Pero no podemos permitir que las barreras tecnológicas en ciertos sectores se instrumentalicen para retrasar la descarbonización en sectores donde contamos con tecnologías maduras, muy especialmente la generación eléctrica. Y debemos alertar sobre la apuesta por tecnologías como la captura de carbono, un velo verde para mantener el business as usual de la industria fósil, más que una opción eficiente y viable de descarbonización. 

Dice un proverbio indio que la tierra no es la herencia de nuestros padres, sino el préstamo de nuestros hijos. La próxima COP28 debe servir para auspiciar un futuro de bienestar, alejado, al fin, de los combustibles fósiles. Contamos con todas las tecnologías que necesitamos. Debemos hacerlo para garantizar la habitabilidad de nuestro planeta. Pero, además, para construir un horizonte de prosperidad para todos. 

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