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Artículo dentro del especial:
con la colaboración de:
L. RICO (EFE)

La juventud más allá de un ministerio

Javier Carbonell Castañer, Kilian Wirthwein Vega, Andrea Henry

6 mins - 4 de Diciembre de 2023, 07:00

Entre las novedades del nuevo gobierno se encuentra la creación de un Ministerio de Juventud e Infancia y la creación de una comisión legislativa de Juventud e Infancia en el Congreso. Estos ministerios vendrían a formalizar el anuncio de Pedro Sánchez de “priorizar las políticas dedicadas a los jóvenes”. Estas son muy buenas noticias, pero no son suficiente. La creación de un ministerio dedicado en exclusiva a la juventud puede significar un paso muy importante para ayudar a resolver los problemas estructurales a los que se enfrenta la juventud; no obstante, también entrañan el gran riesgo de concebir las políticas de juventud como un silo, como un tema más de la política pública. Sin embargo, esto no es así. Los problemas de los jóvenes son comunes a todas las áreas de la política pública y se necesita una política transversal para lidiar con ellos.

Los jóvenes se ven atravesados, entre otros, por tres grandes heridas: la de la vivienda, la del mercado de trabajo y la de la salud mental, y no ninguna puede entenderse por separado. Según el Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud de España, en 2022 tan solo el 15,9 % de la población joven española había logrado ser económicamente independiente de sus padres y la edad media de emancipación era de 30,3 años. Es decir que las personas jóvenes en España se emancipan cuando ya dejan de ser jóvenes. No es posible solucionar el problema de la vivienda sin hablar de redistribución de la riqueza ya que, la vivienda es el principal activo de los hogares españoles y, según el Informe España 2050, en las últimas décadas, la riqueza media de las personas con 65 años se ha más que doblado respecto a la riqueza media de las personas con 35 años. En la actualidad, las personas de 65 años atesoran cinco veces más riqueza que las personas de 35 años, es decir, que la política de vivienda no puede entenderse al margen de la política fiscal.

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La segunda herida es la del mercado de trabajo. Los jóvenes españoles no solo son líderes en paro juvenil en la UE, sino que, además, la obtención de un trabajo ya no es garantía de estabilidad. En nuestro país el 23,4% de los jóvenes trabajadores son pobres, lo que significa que trabajar no les permite situarse por encima del umbral de la pobreza. La creación de empleo joven digno no puede entenderse al margen de las políticas de digitalización, de transición energética y, sobre todo, de la mejora de las oportunidades en la España Vaciada.

La tercera herida, directamente relacionada con las dos anteriores, es la de salud mental, afecta a los jóvenes haciendo que este grupo padezca ansiedad, estrés o depresión en mayor medida que el resto de la población. Para los jóvenes el suicidio se ha convertido en la principal causa de muerte, por delante de los accidentes de tráfico. Aunque es bien conocida la falta de psicólogas y profesionales sanitarios que padece nuestro país, estos profesionales solo pueden realizar una intervención desde un enfoque psicológico, pero no desde un enfoque que luche contra las causas sociales de este aumento de problemas de salud mental. La incertidumbre provocada por la precariedad económica, la imposibilidad de independizarse y tomar decisiones propias, la concatenación de crisis durante los periodos formativos y la falta de perspectivas laborales dignas son, en gran parte, las causantes del aumento de problemas de salud mental durante la última década en nuestro país.  

Es evidente que estas causas no pueden ser solucionadas sólo desde el ministerio de Juventud e Infancia. Estos son grandes problemas sociales transversales que necesitan de soluciones transversales. Por ello, tan ministerio de los jóvenes es el que dirige Sira Rego, como lo son el de Trabajo, el de Vivienda o el de Sanidad, entre otros.



Esto hace necesario tratar las políticas dedicadas a los jóvenes no como un tema, sino como una perspectiva. Resulta crucial aplicar una perspectiva de juventud a toda política gubernamental que se haga en los distintos ámbitos. Del mismo modo que la igualdad de género no está limitada a un solo aspecto o ministerio, sino que es una perspectiva a aplicar a todos los niveles de gobierno, la perspectiva de juventud se pregunta por cómo afecta a los jóvenes todas las políticas que se van a aprobar. En el informe “Juventud vulnerable y democracia en España”, realizado para la Fundación Europea de Estudios progresistas, la Friedrich-Ebert-Stiftung Madrid y la Fundación Felipe González, explicamos que la implementación de esta perspectiva solo puede lograrse mediante dos maneras.

La primera es incluyendo a los jóvenes en la toma de decisiones. La aplicación de la perspectiva de juventud requiere abandonar el plano decorativo y crear mecanismos para que las voces de los jóvenes sean escuchadas y cuenten con una representación institucional efectiva. Actualmente, es habitual consultar a los jóvenes solo al final del proceso legislativo, pero no en el desarrollo ni en la concepción de este. Existe una gran variedad de formas de incluir estas voces jóvenes, pero la más sencilla sería la de consultar regularmente el Consejo de la Juventud de España, que es el órgano que tiene como fin servir de cauce de encuentro, diálogo, participación y asesoramiento en las políticas públicas en materia de juventud así como defender los intereses de la juventud de manera global. Así pues, se les debería de pedir un informe preceptivo en la elaboración de aquellos proyectos normativos que afecten a la juventud.

La segunda es a través de la promulgación de una ley de juventud que formalice la aplicación del “Test Joven” diseñado por el Foro Europeo de la Juventud (European Youth Forum) para evaluar la implementación y el impacto de políticas públicas en los jóvenes. Esta ley podría contener, como mínimo, una provisión que hiciese obligatorio la redacción de un informe de impacto sobre la juventud de los Presupuestos Generales del Estado, de un modo parecido al que se realiza ya con la infancia o con el género. Así, el reparto de la financiación estatal tendría siempre en cuenta la situación de los jóvenes.

En definitiva, la creación del Ministerio de Juventud e Infancia supone una oportunidad para los jóvenes. Creemos que la mejor manera de usar esa oportunidad es la de institucionalizar la perspectiva joven en todas las áreas de actuación del gobierno, para que pueda darse una respuesta efectiva a los problemas de la juventud española. No podemos permitirnos desaprovechar esta nueva oportunidad de dar respuestas a los jóvenes. 
 
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