-
+
ERIC VIDAL (REUTERS)

El BEI, un banco público para una transformación digital estratégica de Europa

Emilio García

6 mins - 16 de Enero de 2024, 07:00

En los últimos diez años el PIB de Estados Unidos ha crecido de alrededor de los 16 trillones (trillón americano) de dólares hasta 26 trillones de dólares, según un reciente informe de la consultora McKinsey. El ritmo de crecimiento de la economía estadounidense le ha permitido superar el PIB europeo, habiendo pasado entre 2013 y 2023 de una inferioridad porcentual de 14 puntos porcentuales a una superioridad de 17 puntos. El diferencial en el desarrollo digital a favor de Estados Unidos figura entre los factores que han contribuido a revertir la preponderancia económica europea

Dentro de la comunicación de la Brújula Digital 2030, la Comisión Europea estimaba en 125.000 millones de euros al año las necesidades de inversión en tecnologías y capacidades digitales para cerrar la brecha de Europa con Estados Unidos. En el primer informe de la Década Digital, la Comisión animaba a los Estados miembros a aumentar la inversión en investigación e innovación digital, para intentar alcanzar el objetivo de gasto público y privado del 3% del PIB e invertir en infraestructuras, tecnologías críticas y reforzar la soberanía digital europea.

[Recibe los análisis de más actualidad en tu correo electrónico o en tu teléfono a través de nuestro canal de Telegram]

Los Estados miembros han dedicado una buena parte de los fondos del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia (MRR) al impulso de la transformación digital. Los Planes de Recuperación nacionales han superado ampliamente la recomendación de dedicar un 20% de los fondos a su digitalización, alcanzando un 29% de asignación presupuestaria para este fin, más de 130 mil millones de euros entre todos ellos. Sin embargo, la renovación del Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC), aunque lejos de la pulsión austericida de la década anterior, va a limitar el espacio fiscal para seguir apoyando la digitalización desde los Estados miembros. Los ojos se vuelven hacia el Banco Europeo de Inversión (BEI) como facilitador público de las inversiones tecnológicas necesarias para la economía y sociedad europea.

El BEI actúa ya en apoyó de los proyectos tecnológicos de empresas de todo tipo, desde pequeñas y emergentes hasta las más grandes y consolidadas así como del sector público. Sólo durante el año 2022, el BEI dedicó 9.906 millones de euros, 18,3% de sus recursos propios, a financiar proyectos de Investigación, Innovación y Digitalización en Europa. De acuerdo con los datos que ofrece la institución, estos proyectos han servido para, entre otras actuaciones, desplegar cobertura de fibra óptica a 4 millones de hogares y permitir 6,6 millones de suscripciones a servicios 5G. Durante el periodo 2023-2025, la institución ya ha declarado su intención de  seguir apoyando la innovación necesaria para el desarrollo de la transformación digital, si bien condicionada a la intervención en los puntos de fallo de mercado y a la cofinanciación de proyectos de digitalización financiados por el MRR en los Estados miembros. 

El cambio de liderazgo en la institución augura una renovación en su estrategia de apoyo a la digitalización europea. Nadia Calviño, su nueva presidenta, ya ha manifestado su intención de que el BEI desempeñe “un papel más relevante en una transición tecnológica, ecológica y digital justa y proteger nuestra autonomía estratégica en un contexto de tensiones geopolíticas”. Ello es congruente con la entrada en vigor de la Plataforma de Tecnologías Estratégicas para Europa (STEP) como principal instrumento financiero de la Unión a ser complementado por el BEI, con un foco digital más geopolítico y tecnológicamente avanzado que el MRR. En este escenario, cabe preguntarse qué cambios dentro del mismo podrían facilitar, apoyado en el STEP, una intervención más efectiva a favor de una digitalización estratégica en la nueva era post pandémica. 



En primer lugar, el apoyo a la transformación digital del BEI ha de superar el marco limitador de la intervención pública como mera palanca de corrección del mercado, un criterio guía insuficiente para juzgar las necesidades tecnológicas asociadas a los Objetivos de Desarrollo Sostenible o la autonomía estratégica de Europa. Las inversiones en aspectos como la digitalización avanzada en el sector público, el despliegue de infraestructuras soberanas de telecomunicaciones o la revitalización de la industria de la microelectrónica, entran en la categoría de creación de activos del bien común para conformar una Europa más inclusiva y sostenible. La concreción de este tipo de intervenciones dentro del STEP debería estar sujetas a nuevos modelos de gobernanza más participativos, redistributivos y transparentes, similares a los sugeridos por Mariana Mazzucato en una de sus últimas contribuciones.

En segundo lugar, la envolvente presupuestaria de STEP es sensiblemente inferior a la del MRR, del entorno de los 10.000 millones de euros, y con el foco en tecnologías digitales frontera (IA, cuántica, 6G, … ). Consecuentemente, la selección de proyectos digitales apoyados por el BEI de habrá de tener un aproximación diferente a la actual. Como señala el último informe de Prospectiva Estratégica de la UE elaborado por la Comisión, el Banco habrá de asumir mayores riesgos y orientarse hacia inversiones más estratégicas, haciendo uso de nuevos instrumentos como el leasing y priorizando actuaciones en Estados miembros a los que el PEC da menos margen para usar recursos propios.

Finalmente, podría ser oportuno el refuerzo institucional y de recursos humanos expertos en la estructura destinada a los proyectos de digitalización del BEI, actualmente por debajo de su nivel jerárquico senior dentro del organigrama. La institucionalización podría mejorar la agilidad y eficacia operativa, ayudando a una mejor evaluación y comprensión de los riesgos y oportunidades de la transformación digital.

En conclusión, el BEI está llamado a desempeñar un papel clave en la digitalización europea, con un mayor protagonismo y asumiendo riesgos estratégicos, acordes con las necesidades geopolíticas de la Unión. Es necesario para ello que se marque la transformación digital como una prioridad no sujeta estrictamente a las reglas de mercado, revisando su gobernanza de selección de proyectos y el marco institucional para su ejecución. 
 
Read the article in English

¿Qué te ha parecido el artículo?
Participación