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FRAN PULIDO

Balance del poder generacional en España

Emilio García

6 mins - 2 de Febrero de 2024, 07:00

En la obra ya clásica “Por qué fracasan los países: Los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza” (“Why nations fail: The origins of Power, Prosperity and Poverty”), sostienen Daron Acemoglu y James A. Robinson que son las instituciones que rigen un determinado territorio las que lo van a hacer prosperar. Las instituciones de un país, sin embargo, no nacen ni crecen de la nada ni por generación espontánea, son las personas que habitan sus territorios las que las establecen, las dan forma y vida. En la construcción institucional interviene también un actor invisible, el tiempo, que con su paso cincela la población del territorio dando lugar a distintas generaciones que intervendrán en el proceso. 

En el desarrollo de la actual arquitectura institucional de España han actuado y participan diversas generaciones. La taxonomía generacional es siempre debatible, pero una aproximación aceptable es la presentada por Oriol Bartomeus en su último ensayo, “El peso del tiempo”. Según la misma, son cuatro los grandes grupos generacionales activos en nuestro país: la generación de la posguerra (1940-1960), la generación del desarrollo (1961-1975), la generación de los hijos e hijas de la democracia (1976-2007) y la generación de la crisis (desde 2008 en adelante). Bartomeus hace uso de esta división generacional para explicar la evolución de la relación entre ciudadanía y política, que es también adecuada para otras reflexiones y análisis. 

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La intervención de cada generación en el desarrollo institucional no es constante, sino que depende de ese mismo tiempo que las conforma. El peso de cada una de ellas en un periodo determinado es mayor en la medida que sea la dominante respecto a las restantes generaciones en las esferas de poder. Consecuentemente, hemos de esperar grandes cambios institucionales en aquellas épocas de relevo generacional en las posiciones de una nación con capacidad de mando. Apunta Bartomeus en su obra que vivimos uno de estos momentos de cambio, en el que la generación de la posguerra está abandonando el poder en favor de las posteriores, con un aparente salto de la generación del desarrollo en favor de la generación de la democracia. ¿Se corresponde esta afirmación con la situación en los ámbitos de poder?

En el ámbito político de nivel estatal, tanto dentro del Congreso como del Gobierno de España, la cuota de representación de las hijas e hijos de la democracia es ya relevante. En el primero, se acercan ya un 40% los representantes de la voluntad popular encuadrados en la más joven de las generaciones, siendo mayoritaria dentro de los grupos parlamentarios de Vox y Sumar. En el ejecutivo nacional, la tercera parte de las personas que encabezan un ministerio son ya nacidos con posterioridad a 1975. Es, efectivamente, una toma de posición relevante de la generación de la democracia en los entornos de toma de decisión del Estado, pero que aún dista de ser decisiva en la conformación de su dirección política.

La porción de poder que detenta cada generación en la política autonómica es similar a la que mantienen en la política estatal. Globalmente, poco más del 30% de las presidencias y consejerías de las Comunidades Autónomas las ostentan los miembros de la generación de la democracia, mientras la generación del desarrollo sigue manteniendo el 63%. Solo en dos gobiernos regionales, Madrid y Murcia, son mayoritarios los nacidos una vez concluido el franquismo. No obstante, es relevante que ya siete de los ejecutivos autonómicos estén presididos por un hijo o hija de la democracia.



Los nacidos con posterioridad a 1975 están aún más lejos de ostentar posiciones de mando significativas en ámbitos de poder ajenos a la representación popular. Muestra de ello es la situación en grandes empresas y medios de comunicación. Marta Ortega, en Inditex, es una excepción representando a la generación de la democracia en el conjunto de personas que ocupan la presidencia o máximo nivel ejecutivo en las compañías que componen el IBEX35. Dentro de los principales grupos de comunicación audiovisual privados del país (A3Media, Mediaset, Prisa, Vocento, Unidad Editorial), la situación es aún más extrema, perteneciendo a la generación del desarrollo todos sus Consejeros Delegados. Tampoco la situación es más favorable a la generación de la democracia en instituciones contrapoder del ejecutivo y legislativo (tales como Tribunal Constitucional, Consejo General del Poder Judicial o Comisión Nacional del Mercado y la Competencia) o la Casa Real (cuya jefatura será traspasada en los próximos días desde la generación de la posguerra a la generación del desarrollo).

Concluyendo, la generación del desarrollo controla los resortes del poder en España. No será hasta la próxima década cuando los hijos e hijas de la democracia dispongan del peso suficiente para realizar una redefinición de nuestras instituciones políticas, económicas y sociales. En una derivada del perfil generacional que realiza Bartomeus, hemos de esperar que los nacidos después de 1975 realicen cambios relevantes (o al menos lo intenten) en una Carta Magna que difícilmente sentirán como suya, constituyan un poder económico desafiante con la doctrina de las instituciones multinacionales en el que la heterodoxia sea la nueva ortodoxia económica generacional y aceleren la fase final de la integración y fusión de los medios de comunicación audiovisuales con Internet. 

En resumen, nos espera un escenario final de renovación radical de las instituciones que marcará el paso del tiempo. Ello dependerá de una transición suave en que la generación del desarrollo ceda sin reticencias de modo progresivo cuotas de poder a la generación de la democracia. Para ello, serán críticos los casos de éxito puntuales que vayan extendiéndose al resto del entramado social y económico. Los ejemplos clave pueden ser una Casa Real en que el monarca ceda un papel cada vez más relevante a su heredera o la progresiva elevación de los nacidos después del franquismo a las máximas responsabilidades del ejecutivo nacional. De todo ello, dependerá la continuidad de nuestro éxito como país.
 
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