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PETER MORRISON (AP)

Sinn Féin y Bildu: Paralelismos

Andrés Ortega

8 mins - 12 de Febrero de 2024, 07:00

Irlanda del Norte y el País Vasco son cuestiones diferentes, separadas, pero no inconexas. Casi se podría decir que paralelas en algunos momentos, como el actual, y que se han tocado en diversas ocasiones. El mundo abertzale siempre ha seguido de cerca, y cooperado, con el mundo republicano  norirlandés en tiempos de IRA y de ETA. Y en los actuales del Sinn Féin y de Bildu. Es significativo no solo que Michelle O’Neill, de 47 años, líder del Sinn Féin en Irlanda del Norte, o en el Norte como ella prefiere decir, haya sido la primera nacionalista en llegar a la cabeza del Gobierno regional de integración, en un territorio que forma parte del Reino Unido, sino que en su primer discurso no insistiera en la reunificación con la República, para centrarse en la integración, en gobernar “para todos”, en promover políticas sociales y facilitar el día a día de sus conciudadanos. No por ello renuncia a ello. De hecho, en una posterior conferencia de prensa, la presidenta del partido republicano, Mary Lou Mc Donald y O'Neil consideraron que el referéndum, posibilidad prevista por los acuerdos de Viernes Santo de 1998, será esta década. Sinn Féin se sitúa, pues, en este marco legal. 

 

La nueva ministra principal (First Minister) tiene que gobernar con los unionistas/protestantes, de acuerdo con esos Acuerdos que obligan a un Ejecutivo de integración. Después de meses de negociación para resucitar la Asamblea de Irlanda del Norte, tras un largo boicoteo iniciado por los unionistas por unas condiciones del Brexit que les soliviantaban, compartirá su liderazgo con la unionista Emma Little-Peggy, viceministra principal, algo que ni siquiera los arquitectos del acuerdo de 1998 contemplaron. O’Neill, que reconoció el “momento histórico” que estaban viviendo señaló “a todos los que son británicos y unionistas: su identidad nacional, cultura y tradiciones son importantes para mí. Seré inclusiva y les respetaré”. Esto no significa que O'Neill renuncie al objetivo de la unificación de Irlanda, para la cual la situación no está ¿aún? madura. Hija de padre del IRA Provisional, considera que la lucha armada fue necesaria y acude a los entierros de los “antiguos compañeros” que van muriendo. Pero es una pragmática que sabe que en estos momentos lo que le importa a la gente es superar el día a día tras años de crisis con el Brexit, la pandemia y la inflación, y de parálisis del Ejecutivo de integración del Norte.

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Con 29,1% de los votos, el Sinn Féin se convirtió en el primer partido de Irlanda del Norte en las elecciones de mayo de 2022, en parte porque el partido socialdemócrata (católico) ha ido decayendo, y en parte porque las formaciones unionistas/protestantes se han multiplicado. En el Sur, en la República, se situó en 2020 como segundo partido y principal de la oposición, su mejor resultado desde 1918. Se podría convertir en el primero en los siguientes comicios generales, a celebrar como tarde en marzo de 2025. También allí, en Irlanda, este partido prima la política social y económica sobre la cuestión de la unificación. 

Los Acuerdos de Viernes Santo 1998 contemplan la posibilidad de unificación si tanto el Norte como el Sur decidieran “ejercer su derecho de autodeterminación sobre la base de consentimiento, libre y concurrentemente otorgado” por Londres y Dublín, si hubiera acuerdo y consentimiento en el Norte. Corresponde al gobierno británico comprobarlo y convocar un voto popular en el territorio una vez que parezca que haya una mayoría que apoye la unificación, y al de Dublín convocar otro en la República, en el Sur como lo llaman los republicanos. De hecho McDonald y O'Neil consideran que es Dublín quien tiene que empujar, lo que implicará también cambiar su Constitución.  Hoy por hoy no hay mayoría para ello en Irlanda del Norte, con 40% de republicanos/católicos, otro tanto de unionistas/protestantes y un 20% de neutrales (y unos dos tercios a favor en la República). Por si acaso, en su visita a Belfast, el primer ministro británico, el conservador Rishi Sunak, enfrió cualquier veleidad de unificación. Pero las dirigentes republicanas insisten. Es parte de su identidad.

No solo la demografía, poblacional y política, sino también el Brexit pueden cambiar las cosas. Ambas comunidades en Irlanda del Norte votaron mayoritariamente en contra en el referéndum de 2016 pues consideraban, con razón, que la pertenencia la UE era esencial para preservar su paz y prosperidad. Los unionistas consideraron que los acuerdos del Brexit cortaban el mercado norirlandés del resto del Reino Unido, para dar satisfacción al Sur que quería evitar que se levantara una frontera dura entre las dos partes de la isla. La revisión, de aquella manera, de los acuerdos entre Londres y Bruselas ha desbloqueado la situación. Se puede decir que la dimensión europea ha sido un elemento decisivo para la llegada de Michelle O’Neill al poder en Stormont. Ha forzado a colaborar a las partes, lo que constituía la piedra de toque de los acuerdos de 1998. La dimensión europea sigue planeando sobre las dos Irlandas, y vuelve a hacerlo sobre el Reino Unido.



El cambio de las balas por los votos empezó tras las huelgas de hambre de algunos presos del IRA en Irlanda del Norte que impulsó al Sinn Féin como fuerza política. La huelga, tras una anterior fallida el año antes, derivó de la llamada blanket protest por la que 300 presos republicanos se negaron a vestir ropa de prisión o a seguir las normas penitenciarias normales en un intento de conseguir que se les devolviera el estatus de categoría especial, es decir, de presos políticos, aunque no reconocidos como tales. El  Gobierno de Margaret Thatcher se negó. Bobby Sands, el primero de los 10 presos republicanos que fallecieron en esta larga huelga, se presentó desde la cárcel de Maze a una elección parcial por defunción inesperada de su titular para cubrir un escaño en el Parlamento de Westminster, y ganó unas semanas antes de fallecer en la cárcel de Maze el 5 de mayo de 1981. Con 27 años, hubiera sido el diputado más joven. Otros siguieron. 

Lo viví allí como corresponsal de El País, aunque no percibí su pleno significado pues la consecuencia inmediata fue que la muerte de Sands y la los otros, hizo que el IRA Provisional se llenara de nuevos voluntarios y provocó un rebrote de la violencia. Pero algunos militares británicos si tenían un horizonte más claro, al menos en términos demográficos. Los dirigentes del IRA Provisional y de su brazo político, el Sinn Féin, empezaron a comprender que por las armas no alcanzarían sus fines y que podían influir más desde unos escaños y, años después, empezaron a entrar en las negociaciones que desembocaron en los famosos acuerdos. Sin embargo, no renunciaron a la violencia hasta julio de 2005. El documental Irlanda del Norte: 30 años de conflicto de la BBC (Movistar +) recoge bien lo que fueron los llamados troubles, que acabaron con la salida masiva de las cárceles de paramilitares condenados y presos de uno y otro bando. Aunque entre los republicanos del Norte y del Sur no ha sentado nada bien la reciente Ley de Amnistía aprobada por la mayoría conservadora en Londres para proteger a los policías y militares implicados en aquellas tres décadas de violencia, una medida impugnada desde Dublín. Las heridas no están restañadas. En la recomendable serie Blue Lights, en la citada plataforma, se puede apreciar la tensión residual que persiste.

Bildu ha seguido de cerca todo esto, y su discurso ahora, sin renunciar al independentismo, parece también darle prioridad a la gestión social, económica y de derechos. Hay enormes diferencias entre ambas situaciones, de origen y de proceso. Para empezar no es lo mismos la aspiración a una unificación, dentro de un marco constitucional y legal, que a una independencia fuera de él. Solo en julio de 2022, Bildu pidió perdón por la violencia de ETA y sus víctimas, pero también lo reclamó para lo que considera las suyas propias. Queda mucho por hacer. Pero la participación democrática en las instituciones es lo que se les prometió para que ETA dejara los atentados, las armas y se disolviese. Y ello, a diferencia de aquello, sin que haya mediado amnistía alguna. Para Bildu ha sido un éxito, tanto que aspira, a su vez, al sorpasso del PNV en las elecciones vascas. Y para la convivencia.

Ahora bien, no es lo mismo la actitud de O’Neill ante los “antiguos compañeros” fallecidos que recibir con júbilo la salida en libertad de condenados por delitos de sangre, por terrorismo o meterlos en listas electorales. Aunque, como allí, está mediando un necesario cambio generacional antes de que pueda echar raíces profundas la nueva normalidad. En Irlanda del Norte -los republicanos prefieren no usar el término “Ulster”, que, además, cubre tres condados que pertenecen a la República- no hay una vuelta a la normalidad, porque antes nunca la hubo. Se trata de construir un futuro. Ahora contando con ese elemento distorsionador que ha sido el Brexit.

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